David Copperfield
David Copperfield El señor Spenlow tenía el convencimiento de que los caballeros debían dejar las cosas como estaban, era una cuestión de principios; y estaba seguro de que la Oficina de Prerrogativas duraría tanto tiempo como nosotros. Me mostré de acuerdo con él, aunque continué lleno de dudas. Pensé que tenía razón, sin embargo; pues no sólo había durado hasta el momento actual, sino que había sobrevivido al ataque de un extenso informe parlamentario elaborado (sin demasiado entusiasmo) dieciocho años antes, donde se describían todas mis objeciones en detalle y se aseguraba que sólo quedaba espacio disponible para almacenar testamentos durante dos años y medio más. No sé lo que habrán hecho con ellos desde entonces; si habrán perdido muchos o los habrán vendido, de vez en cuando, a las mantequerías. Pero me alegro de que el mío no se encuentre allí, y espero que nadie tenga que llevarlo en mucho tiempo.