David Copperfield
David Copperfield –¡Oh, sÃ! –respondió Traddles–. Es una mujer verdaderamente admirable, pero le sienta muy mal la humedad y… lo cierto es que es una inválida.
–¡Vaya por Dios! –exclamé.
–Es muy triste, ¿verdad? –señaló Traddles–. Pero, desde el punto de vista meramente doméstico, es menos grave de lo que parece, pues Sophy la reemplaza. Se muestra tan maternal con su madre como con sus nueve hermanas.
Sentà la mayor admiración por las virtudes de aquella joven; y deseando sinceramente impedir que abusaran del buen corazón de Traddles, en detrimento de su futuro en común, le pregunté cómo se encontraba el señor Micawber.
–Muy bien, Copperfield, gracias –contestó mi amigo–. Pero ya no vivo en su casa.
–¿No?

Mi tÃa me sorprende