David Copperfield
David Copperfield –No. A decir verdad –dijo Traddles en voz baja–, ha cambiado su apellido por el de Mortimer a causa de sus dificultades económicas, sin duda pasajeras; y sólo sale por las noches… y además con lentes. Llegó una orden de embargo por el alquiler. La señora Micawber estaba tan desesperada que no pude negarme a firmar el segundo pagaré del que hablamos. No sabes lo dichoso que me sentÃ, Copperfield, al ver que el asunto quedaba zanjado y que la señora Micawber recobraba su tranquilidad.
–¡Vaya! –exclamé.
–Y no es que su felicidad durara mucho –prosiguió Traddles–, pues, desgraciadamente, no habÃa transcurrido ni una semana y llegó una segunda orden de embargo. Entonces nos vimos obligados a separarnos. Me he alojado desde entonces en una habitación amueblada, y los Mortimer llevan una vida muy retirada. Espero no parecer egoÃsta, Copperfield, si te digo que el agente judicial se llevó también mi mesita redonda con la encimera de mármol, y la maceta de Sophy con su soporte.
–¡Qué lástima! –respondà indignado.