David Copperfield
David Copperfield –Creo que es papá –dijo Agnes, palideciendo–. Me prometió que vendrÃa.
Abrà la puerta, y no sólo dejé entrar al señor Wickfield, sino también a Uriah Heep. Llevaba bastante tiempo sin ver al señor Wickfield. Esperaba verlo muy cambiado después de lo que Agnes me habÃa contado, pero su aspecto me impresionó.
No es que hubiese envejecido mucho, aunque seguÃa vistiendo con la pulcritud de antaño; o que su rostro tuviera un color muy poco saludable; o que sus ojos estuvieran inyectados en sangre; o que su mano se viera agitada por un temblor nervioso, cuya causa yo conocÃa, y habÃa visto actuar durante muchos años. No es que hubiera perdido su atractivo, o la nobleza de su porte, pues los habÃa conservado; lo que más me sorprendió fue ver que, a pesar de la evidencia de su superioridad natural, se sometÃa a esa encarnación rastrera de la mezquindad que era Uriah Heep. Contemplar el brutal cambio experimentado en las relaciones de aquellos personajes, el poder de Uriah y la dependencia del señor Wickfield, fue tan doloroso para mà que no encuentro palabras para expresarlo. Si hubiera visto a un Hombre a las órdenes de un Mono, no me habrÃa parecido un espectáculo más degradante.