David Copperfield
David Copperfield El señor Wickfield parecÃa comprenderlo. Al entrar, se quedó inmóvil, con la cabeza baja, como si fuera consciente de la situación. Pero fue sólo unos instantes, pues Agnes le dijo con dulzura:
–¡Papá! Aquà está la señorita Trotwood… y Trotwood, al que hace mucho tiempo que no ha visto.
Entonces él se acercó a nosotros y saludó, cohibido, a mi tÃa, antes de estrechar mi mano con mayor cordialidad. Durante la breve pausa que he descrito, vi cómo Uriah esbozaba la más desagradable de las sonrisas. Tengo la impresión de que Agnes también se dio cuenta, pues se apartó de su lado.

El señor Wickfield y su socio visitan a mi tÃa
Lo que mi tÃa vio o dejó de ver, desafÃo a la ciencia de la fisonomÃa a que lo descubra sin su consentimiento. No creo que haya existido jamás un rostro más impasible que el suyo cuando se lo proponÃa. En esa ocasión, un muro silencioso habrÃa resultado más expresivo que su cara; hasta que rompió su mutismo con la brusquedad acostumbrada.