David Copperfield
David Copperfield –¡Y bien, Wickfield! –dijo mi tÃa; y él la miró por primera vez–. Acabo de explicarle a su hija lo bien que he manejado personalmente mi dinero, puesto que no podÃa confiar en usted, cada dÃa menos perspicaz en los negocios. Hemos estado deliberando juntas y, pensándolo bien, ha sido muy positivo. En mi opinión, Agnes vale más que usted y el señor Heep juntos.
–Si me permiten hacer una humilde observación –dijo Uriah, retorciéndose–, estoy completamente de acuerdo con la señorita Betsey Trotwood, y me sentirÃa muy feliz de tener a la señorita Agnes como socia.
–Supongo que tendrá que contentarse con ser usted el asociado –exclamó mi tÃa–. ¿Cómo está, señor?
En respuesta a esta pregunta, dirigida a él con extraordinaria sequedad, el señor Heep, sujetando inquieto su cartera azul, contestó que estaba muy bien, que daba las gracias a mi tÃa y que esperaba que también ella estuviera bien.