David Copperfield
David Copperfield –He venido para saber si a Annie le gustarÃa ir a la ópera esta noche –afirmó el señor Maldon, volviéndose hacia ella–. Es la última representación importante de la temporada, y hay una cantante que sin lugar a dudas tendrÃa que oÃr. Es verdaderamente exquisita. Además, de deliciosamente fea –concluyó, recobrando su languidez.
El doctor, a quien hacÃa muy feliz cualquier cosa que pudiera agradar a su joven esposa, se volvió hacia ella y le dijo:
–Tienes que ir, Annie. Tienes que ir.
–PreferirÃa no hacerlo –respondió–. Me gustarÃa más quedarme en casa. PreferirÃa con mucho quedarme en casa.
Entonces, sin mirar a su primo, se dirigió a mà y me preguntó por Agnes, y quiso saber si podrÃa verla, y si era factible visitarla aquel dÃa; y parecÃa tan alterada que me extrañó que incluso el doctor, que estaba untando con manteca su tostada, no se diera cuenta de algo tan evidente.