David Copperfield
David Copperfield –¿Hay alguna noticia que comentar? –preguntó el doctor.
–Ninguna, señor –repuso el señor Maldon–. Al parecer, la gente pasa hambre y está muy descontenta en el norte; pero siempre hay alguien que pasa hambre y está muy descontento en algún lugar.
–Eso significa que no hay noticias –dijo el doctor con gran seriedad, como si quisiera cambiar de tema–; y, según dicen, el hecho de que no haya noticias es una buena noticia.
–Los periódicos hablan largo y tendido de un asesinato, señor –declaró el señor Maldon–. Pero todos los dÃas se comete algún crimen, y no lo he leÃdo.
Tengo entendido que, por aquel entonces, mostrar una total indiferencia por los actos y las pasiones humanas no resultaba tan distinguido como en la actualidad. No hay duda de que desde hace algún tiempo se considera de muy buen tono. He visto cómo hacÃan gala de ella algunas hermosas damas y algunos caballeros que bien podrÃan haber nacido orugas. Quizá en aquella ocasión me impresionó más, pues era nuevo para mÃ; pero lo cierto es que no contribuyó a mejorar mi opinión del señor Jack Maldon, ni a aumentar mi confianza en él.