David Copperfield
David Copperfield –Ya no nos moriremos de hambre, Trotwood –dijo el señor Dick, estrechándome la mano en un rincón–. ¡Me ocuparé de que a ella no le falte de nada! –y agitó sus diez dedos en el aire, como si fueran diez bancos.
No sé quién estaba más contento, si Traddles o yo.
–¡HabÃa olvidado al señor Micawber! –exclamó de pronto mi amigo, sacando un sobre del bolsillo y entregándomelo.
La carta (el señor Micawber no desperdiciaba nunca la ocasión de escribir una carta) estaba dirigida a mÃ, «Gracias a la gentileza del señor T. Traddles, estudiante de Derecho». DecÃa lo siguiente:
Mi querido Copperfield:
Tal vez no le sorprenda recibir la noticia de que ha surgido algo. Es muy posible que le comunicara con anterioridad mis esperanzas de que esto ocurriera.