David Copperfield
David Copperfield Cuando casi habíamos llegado a la última ronda de ponche, me dirigí a Traddles y le recordé que no debíamos despedirnos sin desear a nuestros amigos salud, felicidad y éxito en su nueva carrera. Le pedí al señor Micawber que nos llenara las copas y brindé como Dios manda: estrechándole la mano por encima de la mesa y besando a su mujer para conmemorar una fecha tan señalada. Traddles siguió mi ejemplo en lo primero; pero no creyó tener suficiente confianza para permitirse lo segundo.