David Copperfield
David Copperfield –Si yo abandonara esta metrópoli –prosiguió–, y a mi amigo el señor Thomas Traddles, sin saldar mis deudas con él, me remorderÃa la conciencia de un modo insoportable. Por ese motivo, he preparado este documento que lo deja todo arreglado. Le ruego a mi amigo el señor Thomas Traddles que acepte este reconocimiento de deuda por un total de cuarenta y una libras, diez chelines y once peniques y medio; me alegra recobrar de ese modo mi dignidad moral, y saber que puedo andar de nuevo con la cabeza alta delante de mis semejantes.

El señor Micawber pronuncia unas palabras de despedida
Después de esta introducción (que le emocionó profundamente), el señor Micawber entregó su reconocimiento de deuda a Traddles, y le deseó toda clase de éxitos en la vida. Estoy convencido, no sólo de que para el señor Micawber aquello equivalÃa a entregarle el dinero, sino de que el propio Traddles apenas se percató de la diferencia hasta que tuvo tiempo para reflexionar.