David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Al final, después de una agonía de súplicas y protestas, conseguí que me mirase, con una expresión horrorizada que poco a poco fui calmando hasta que se volvió amorosa; y su suave y bonita mejilla se apoyó en la mía. Entonces le dije, estrechándola entre mis brazos, que la amaba tanto, tanto; que creía mi deber liberarla de su compromiso, pues ahora era pobre; que nunca me consolaría ni podría soportar perderla; que no tenía miedo de la pobreza, si a ella no le asustaba, pues mi brazo era fuerte y mi corazón animoso; que ya trabajaba con un coraje que sólo los enamorados conocían; que había empezado a ser un hombre práctico y a pensar en el porvenir; que un mendrugo honradamente ganado era mejor que un festín heredado; y muchas otras cosas por el estilo que declaré en una explosión de apasionada elocuencia que me sorprendió a mí mismo, a pesar de que no había dejado de pensar en ellas desde que mi tía me había dejado perplejo con su llegada.

–¿Sigue siendo mío tu corazón, querida Dora? –pregunté con entusiasmo, pues estaba seguro de ello por la forma en que se aferraba a mí.

–¡Oh, sí! –respondió ella–. Sí, es todo tuyo. ¡Pero no seas horrible!

¡Horrible yo! ¡Con Dora!

–¡No me hables de ser pobres ni de trabajar de firme! –exclamó, apretándose más contra mí–. ¡No, no!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker