David Copperfield
David Copperfield –Es una vivienda humilde –exclamó el señor Micawber–, para emplear la expresión favorita de mi amigo Heep; pero podrÃa ser un escalón para llegar a una residencia más suntuosa.
Le pregunté si tenÃa motivos para estar satisfecho del trato que le habÃa dado hasta entonces su amigo Heep. Se levantó para comprobar si la puerta estaba bien cerrada y me contestó bajando la voz:
–Mi querido Copperfield, el hombre que trabaja bajo la presión de las dificultades pecuniarias se encuentra en una situación de inferioridad frente a la mayorÃa de la gente. Y esa inferioridad no disminuye cuando la presión le obliga a percibir los emolumentos estipendiarios antes de haberlos ganado estrictamente. Lo único que puedo decirle es que mi amigo Heep ha respondido a ciertas demandas, cuya naturaleza no es preciso detallar, de un modo que honra tanto a su corazón como a su cabeza.
–Nunca le habrÃa creÃdo tan generoso con su dinero –señalé.
–Disculpe –dijo como si se sintiera coaccionado–, me limito a hablar de mi experiencia personal con el señor Heep.
–Me alegro de que sea tan favorable.
–Se lo agradezco mucho, mi querido Copperfield –repuso; y empezó a tararear una canción.