David Copperfield
David Copperfield Asà lo hice, y no sólo aquel dÃa sino todos los de mi encierro, que duró cinco dÃas. Si hubiera podido estar a solas con mi madre, me habrÃa arrodillado ante ella para pedirle perdón; pero, durante todo ese tiempo, no vi más que a la señorita Murdstone, excepto por las tardes cuando nos reunÃamos para rezar en el gabinete. Mi carcelera me conducÃa allà cuando todos los demás habÃan ocupado sus lugares; me dejaba cerca de la puerta solo, como si fuera un joven proscrito; y me sacaba solemnemente de la estancia, mientras los demás seguÃan arrodillados en actitud piadosa. Lo único que pude advertir es que mi madre se encontraba lo más lejos posible de mà y con el rostro vuelto hacia otro lado, lo que me impedÃa verla; y que la mano del señor Murdstone estaba envuelta en un gran vendaje.