David Copperfield
David Copperfield También en esta carta había dinero. Un billete de cinco libras. Estaba intacto, igual que el anterior, y el señor Peggotty lo volvió a doblar con el mismo cuidado. Había instrucciones detalladas para que la señora Gummidge supiera dónde dirigir la respuesta; y, aunque delataban la existencia de varios intermediarios y hacían difícil llegar a una conclusión más o menos definitiva respecto al lugar donde Emily se ocultaba, no parecía imposible que hubiera escrito esa carta desde la población donde afirmaban haberla visto.
–¿Y qué contestación le dieron? –pregunté al señor Peggotty.
–Como la señora Gummidge no tiene muchos estudios, señor –replicó–, Ham tuvo la amabilidad de redactar un borrador, que ella copió. Le decían en él que yo había salido en su busca, y cuáles habían sido mis palabras antes de despedirme.
–Lo que tiene en la mano, ¿es otra carta? –inquirí.
–Es dinero, señor –repuso el señor Peggotty, desdoblando una esquina–. Diez libras, ¿ve usted? Y dentro pone: «De un amigo fiel», como en el primero. Pero el primero lo metieron por debajo de la puerta y éste llegó por correo anteayer. Voy a buscar a Emily en el lugar que indica el matasellos.