David Copperfield
David Copperfield Por fin recibí una contestación de las dos ancianas. En ella presentaban sus respetos al señor Copperfield y le decían que habían leído su carta con el mayor detenimiento, «con miras a la felicidad de ambas partes». Esta expresión me pareció bastante inquietante, no sólo porque la hubieran empleado con ocasión de las diferencias familiares que he relatado antes, sino también porque había observado (como he seguido haciendo a lo largo de mi vida) que las frases convencionales son una especie de fuegos de artificio, fáciles de lanzar y susceptibles de adoptar infinidad de formas y de colores que no guardan el menor parecido con su forma original. Las señoritas Spenlow no deseaban dar su opinión «por correspondencia» sobre el asunto tratado por el señor Copperfield en su carta; pero, si el señor Copperfield les hacía el honor de visitarlas en la fecha que le indicaban (en compañía, si lo juzgaba oportuno, de un amigo de su confianza), sería un placer para ellas discutir el asunto con él.
