David Copperfield
David Copperfield Cuando recuerdo la honestidad de su rostro, que me miraba moviendo la cabeza medio en serio, medio en broma, me siento mucho más conmovido que en aquellos momentos, pues mi agitación y mi atolondramiento eran tan extraordinarios que no podía centrar mi atención en nada. Al acercarnos a la casa donde vivían las señoritas Spenlow, estaba tan poco seguro de mi aspecto físico y de mi presencia de ánimo que Traddles me propuso tomar un pequeño estimulante en forma de vaso de cerveza. Una vez administrado éste en una taberna de la vecindad, me condujo con paso vacilante hasta la puerta de las señoritas Spenlow.