David Copperfield
David Copperfield Le contesté, como hacÃa siempre que se me presentaba la ocasión, que nadie habÃa amado nunca como yo amaba a Dora. Traddles vino en mi ayuda con un murmullo de aprobación.
La señorita Lavinia se disponÃa a pronunciar una respuesta cuando la señorita Clarissa, que parecÃa tener la imperiosa necesidad de hablar siempre de su hermano, intervino de nuevo:
–Si la madre de Dora –exclamó– hubiera dicho, nada más casarse con nuestro hermano Francis, que no habÃa sitio en la mesa de su casa para la familia, habrÃa sido mucho mejor para la felicidad de todos.
–Mi querida Clarissa –dijo la señorita Lavinia–, quizá serÃa mejor olvidar eso ahora.
–Mi querida Lavinia –respondió su hermana–, si lo digo es porque viene a cuento. Hay una parte de este asunto que sólo tú estás preparada para tratar, y jamás se me ocurrirÃa interrumpirte. Pero hay otra parte sobre la que tengo mis propias ideas, asà como el derecho a expresarlas. HabrÃa sido mucho mejor para la felicidad de todos, si la madre de Dora hubiera dicho claramente, nada más casarse con nuestro hermano Francis, cuáles eran sus intenciones. HabrÃamos sabido a qué atenernos. Le hubiéramos dicho: «Por favor, no nos invites nunca»; y asà se habrÃa evitado cualquier posible malentendido.