David Copperfield
David Copperfield –Sin embargo, señor Traddles –prosiguió la señorita Lavinia–, por el momento preferirÃamos pensar que viene a visitarnos a nosotras. Debemos evitar a toda costa hablar de un compromiso entre el señor Copperfield y nuestra sobrina, hasta que hayamos tenido la oportunidad de…
–Hasta que tú hayas tenido la oportunidad, mi querida Lavinia –señaló la señorita Clarissa.
–Está bien –asintió la señorita Lavinia, con un suspiro–, hasta que yo haya tenido la oportunidad de observarlos.
–Copperfield –dijo Traddles, volviéndose hacia mÖ, estoy seguro de que nada podrÃa parecerte más sensato y razonable.
–¡Nada en absoluto! –respondÖ. Soy perfectamente consciente.
–Y una vez aclarado que sólo aceptaremos sus visitas con esa condición –prosiguió la señorita Lavinia, consultando de nuevo sus notas–, hemos de pedir al señor Copperfield que nos dé su palabra de honor de que no mantendrá ninguna clase de comunicación con nuestra sobrina a nuestras espaldas. Y de que no forjará ningún proyecto en relación con nuestra sobrina, sin comentarlo antes con nosotros…
–Contigo, mi querida Lavinia –le interrumpió la señorita Clarissa.