David Copperfield
David Copperfield Se apellidaba Paragon.[93] Nos dieron a entender, cuando la contratamos, que su nombre no era sino un débil reflejo de su carácter. Nos enseñó una carta de recomendación tan larga como una proclama y, según ese documento, sabía hacer cualquier tarea doméstica de la que yo tuviera noticia, y muchísimas otras de las que no había oído hablar jamás. Era una mujer en la flor de la vida; de rostro severo, y propensa a una especie de perpetuo sarampión o violento sarpullido (sobre todo en los brazos). Tenía un primo en la Guardia de Corps, con unas piernas tan largas que parecían la sombra vespertina de otra persona. De igual modo que llevaba una casaca demasiado pequeña para su cuerpo, resultaba demasiado grande para nuestra casa. Ésta parecía reducirse porque él no guardaba la menor proporción con su tamaño. Por otra parte, las paredes no eran gruesas, y siempre que pasaba la velada en casa, sabíamos de su presencia por los gruñidos que se oían continuamente en la cocina.
La sobriedad en la bebida y la honradez de nuestra perla estaban garantizadas. Por ese motivo, estoy dispuesto a creer que había sufrido un ataque cuando la encontramos debajo de la caldera; y que si nos faltaban cucharillas era por culpa del basurero.