David Copperfield
David Copperfield Entonces iniciaba una demostración práctica, que mi mujer escuchaba con profunda atención, quizá durante cinco minutos; pero luego empezaba a sentirse terriblemente cansada y trataba de hacer menos pesada mi explicación rizándome el pelo o viendo cómo me sentaba llevar el cuello de la camisa hacia abajo. Si yo reprimÃa en silencio sus juegos y proseguÃa, se mostraba tan asustada y abatida, a medida que aumentaba su desconcierto, que yo no podÃa sino sentirme culpable al recordar su espontaneidad y alegrÃa, el dÃa en que yo me interpuse en su camino, y el hecho de que era mi mujer-niña; y dejaba el lápiz y le pedÃa que tocara la guitarra.