David Copperfield
David Copperfield –No sé. Quizá el primer golpe fue demasiado duro para ella, y en su desesperación… ¡Ese mar azul del que tanto hablaba! ¿Habrá pensado en él durante tantos años porque iba a ser su tumba?
Pronunció estas palabras con voz baja y asustada, muy pensativo, mientras andaba de un lado a otro de la habitación.
–Y, sin embargo, señorito Davy –añadió–, he estado siempre tan seguro de que ella vivÃa… he tenido tal certeza, despierto o dormido, de que la encontrarÃa… y esa idea me ha dado tanta confianza y tanta fuerza… que no puedo haberme equivocado. ¡No! ¡Emily está viva!
Apoyó con firmeza la mano en la mesa, y su rostro curtido por el sol y la intemperie adoptó una expresión decidida.
–¡Mi sobrina Emily está viva, señor! –aseguró–. ¡No sé de dónde surge ni por qué, pero una voz me dice que está viva!
Fue como si hubiera hablado en él la inspiración divina. Esperé unos instantes, hasta que estuvo en condiciones de dedicarme toda su atención; entonces le sugerà algo que se me habÃa ocurrido la noche anterior.
–Y ahora, querido amigo… –empecé.
–Gracias, muchas gracias por su bondad, señor –exclamó, cogiendo mi mano entre las suyas.