David Copperfield
David Copperfield «El primer impulso erróneo de un corazón indisciplinado». Esas palabras de la señora Strong acudían por aquel entonces constantemente a mi pensamiento; y casi siempre estaba dándoles vueltas en mi cabeza. Me despertaba a menudo en mitad de la noche escuchándolas; y recuerdo que incluso llegué a leerlas, en sueños, escritas en las paredes de las casas. Pues ahora sabía que mi corazón había sido indisciplinado cuando conoció a Dora; y que, si hubiera sido disciplinado, jamás habría sentido, una vez casados, lo que secretamente sentía.
«No existe mayor disparidad en un matrimonio que la causada por incompatibilidad de ideas y caracteres». Tampoco había olvidado esas palabras. Había tratado de que Dora se adaptara a mí, pero mis esfuerzos habían fracasado. No me quedaba otro remedio que adaptarme yo a Dora; compartir con ella lo que pudiera, y ser feliz; llevar sobre mis hombros el peso que debía soportar, y ser feliz a pesar de todo. Ésa fue la disciplina que intenté imponerme cuando empecé a reflexionar. Y, gracias a ella, mi segundo año de matrimonio fue mucho más feliz que el primero; y lo que era aún mejor, la vida de Dora se volvió mucho más luminosa.