David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Pero, a medida que fue pasando ese año, la salud de Dora se debilitó. Yo había esperado que unas manos más delicadas que las mías me ayudarían a moldear su carácter, y que la sonrisa de un bebé en su pecho convertiría a mi mujer-niña en una mujer. Pero no pudo ser. El pequeño espíritu aleteó durante un instante en el umbral de su prisión y, antes de conocer su cautiverio, alzó el vuelo.

–Cuando pueda volver a correr como antes, tía –dijo Dora–, obligaré a Jip a hacer ejercicio. Se está volviendo muy lento y perezoso.

–Sospecho, querida mía –respondió mi tía, que trabajaba tranquilamente a su lado–, que le ocurre algo peor. Son los años, Dora.

–¿Cree usted que es viejo? –preguntó Dora, con asombro–. ¡Oh! ¡Qué extraño me parece que Jip sea viejo!

–Es un mal del que nadie se libra, pequeña, con el paso del tiempo –exclamó alegremente mi tía–. Me resiento de él mucho más que antes, te lo aseguro.

–Pero Jip –dijo Dora, mirándolo compasiva–, ¡incluso el pequeño Jip! ¡Pobrecillo!

–Estoy convencida de que aún vivirá mucho tiempo, Pequeña Flor –aseguró mi tía, acariciando su mejilla.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker