David Copperfield
David Copperfield Sin aludir más directamente al talento oculto que yo pueda tener para desencadenar el trueno, o dirigir el rayo devorador y vengador hacia cualquier lugar, permÃtaseme decir de pasada que mis sueños más brillantes han desaparecido para siempre… que mi paz ha sido socavada y mi capacidad de disfrutar, destruida… que mi corazón ha dejado de estar en su lugar… y que no puedo seguir andando con la cabeza alta delante de mis semejantes. El mal está en la flor. La copa desborda amargura. El gusano trabaja y no tardará en dar cuenta de su vÃctima. Cuanto antes, mejor. Pero basta de digresiones.
Colocado en una situación especialmente dolorosa, fuera del alcance de la influencia bienhechora que ejerce la señora Micawber en su calidad de mujer, esposa y madre, tengo intención de escapar de mà mismo durante un breve perÃodo de tiempo y concederme un respiro de cuarenta y ocho horas para visitar de nuevo algunos escenarios metropolitanos de mi pasada felicidad. Entre otros puertos de paz doméstica y tranquilidad de espÃritu, mis pies se dirigirán, como es natural, hacia la prisión de King’s Bench. Al declarar que estaré (D.V.)[103] delante del muro sur de ese lugar de encarcelamiento por procesos civiles, pasado mañana, a las siete de la tarde, exactamente, habré cumplido la finalidad de este mensaje epistolar.