David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Con todo, escribí una carta confortadora a la señora Micawber, en nombre de los dos, y ambos la firmamos. Mientras íbamos a la ciudad para enviarla por correo, Traddles y yo tuvimos una larga conversación y barajamos toda clase de conjeturas, que no es necesario repetir aquí. Por la tarde, pedimos consejo a mi tía; pero la única conclusión a la que llegamos fue que acudiríamos muy puntuales a nuestra cita con el señor Micawber.

A pesar de que llegamos quince minutos antes de la hora fijada, el señor Micawber ya nos esperaba. Estaba frente al muro de la prisión, con los brazos cruzados, contemplando los pinchos metálicos de la parte superior con expresión sentimental, como si fueran las ramas entrelazadas de los árboles que le habían dado sombra en su juventud.

Cuando nos acercamos a él, sus ademanes nos parecieron un poco menos desenvueltos y distinguidos que en el pasado. Para aquella expedición, había cambiado el traje negro de hombre de leyes por su viejo sobretodo y sus viejos pantalones ajustados, pero no tenía el aire imponente de antaño. Fue recuperándolo poco a poco, a medida que conversábamos; pero su monóculo no parecía colgar con la misma elegancia de antes, y el cuello de su camisa, a pesar de conservar su espectacular tamaño, no estaba tan bien almidonado.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker