David Copperfield
David Copperfield –Como todo el mundo sabe, es usted un hombre disoluto –exclamó, esforzándose por sonreÃr–, y temo que va a obligarme a despedirlo. ¡Salga de aquÃ! Más tarde hablaré con usted.
–Si hay un canalla en este mundo –gritó el señor Micawber, con la mayor vehemencia– con el que ya he hablado demasiado, ese canalla se llama… ¡HEEP!
Uriah se echó hacia atrás, como si hubiera recibido un golpe o un picotazo. Mirándonos lentamente a todos, con la expresión más siniestra y malvada que era capaz de adoptar, dijo bajando la voz:
–¡Oh! ¡Es una conspiración! ¡Se han citado ustedes aquÃ! Se ha confabulado con mi escribiente, ¿no es asÃ, Copperfield? Pues, tenga cuidado. No sacará nada de esto. Usted y yo nos conocemos. Nunca hemos simpatizado. Siempre fue usted una criatura orgullosa, desde que llegó a esta casa; y envidia mi éxito, ¿verdad? Será mejor que olvide sus maquinaciones; ¡sabré defenderme! Micawber, salga de aquÃ. Luego hablaré con usted.
–Señor Micawber –dije–, este individuo ha cambiado súbitamente en varios aspectos; y no me refiero sólo al hecho extraordinario de que haya confesado la verdad sobre un pequeño detalle. Creo que se encuentra acorralado. ¡Trátelo como se merece!