David Copperfield
David Copperfield Un pequeño paseo nos condujo –es decir, al profesor y a mÖ a Salem House, que estaba rodeada de un muro muy alto de ladrillo y tenÃa aspecto de ser un lugar muy sombrÃo. Encima de la entrada, abierta en el propio muro, habÃa un letrero donde se leÃa: SALEM HOUSE. Cuando tocamos la campanilla, un rostro malhumorado nos inspeccionó a través de una rejilla; y, una vez abierta la puerta, me di cuenta de que pertenecÃa a un hombre muy fornido, con cuello de toro, pata de palo, sienes abultadas y cabellos cortados al rape.
–El alumno nuevo –anunció el profesor.
El hombre de la pata de palo me miró de arriba abajo (no creo que tardara mucho tiempo, dada mi estatura), cerró el portón detrás de nosotros y quitó la llave. SubÃamos ya hacia la casa, entre gigantescos y sombrÃos árboles, cuando llamó a mi guÃa:
–¡Eh!
Miramos hacia atrás, y le vimos junto a la puerta de su pequeña vivienda con un par de botas en la mano.
–¡Tome! Mientras estaba fuera ha venido el zapatero remendón, señor Mell –exclamó–. Dice que ya no puede arreglar más estas botas, porque no queda nada de su cuero original; le sorprende que usted crea que se pueda hacer algo por ellas.