David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

–Pero yo te quiero, Ury –sollozó la señora Heep (no me cabe la menor duda de que era verdad y de que, por extraño que pueda parecer, también él la quería a ella: eran tal para cual)–. Y no puedo soportar que irrites a estos caballeros, y que te pongas más en peligro. Aseguré a ese caballero, cuando vino a decirme que se había descubierto todo, que yo respondería de tu humildad y lograría que reparases el daño que has causado. ¡Miren lo humilde que soy, señores, y olvídense de él!

–¡Vamos, madre! ¡Ahí tiene a Copperfield! –exclamó airado, señalándome con su dedo esquelético, pues concentraba toda su animosidad en mí, como si fuera el principal promotor del descubrimiento (no quise sacarle de su error)–. ¡Le habría dado a usted cien libras por decir bastante menos de lo que ha dicho!

–No puedo remediarlo, Ury –sollozó su madre–. No soporto que corras peligro por querer llevar la cabeza tan alta. Es mejor que seas humilde, como lo fuiste siempre.

Uriah estuvo unos instantes mordiendo el pañuelo y luego me dijo, con el ceño fruncido:

–¿Tiene algo más que añadir? Si es así, ¡adelante! ¿Por qué me mira de ese modo?

El señor Micawber se apresuró a reanudar la lectura de su carta, dichoso de representar un papel que tanto le satisfacía.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker