David Copperfield
David Copperfield –¡Ay, Doady! A veces pienso… ya sabes lo atolondrada que he sido siempre… que eso no ocurrirá jamás.
–¡No hables asÃ, Dora! ¡Ni siquiera lo pienses, mi amor!
–No lo haré, si puedo evitarlo, Doady. Pero me siento muy dichosa; ¡aunque mi querido muchacho se sienta tan solo frente a la silla vacÃa de su mujer-niña!
Es de noche, y aún sigo con ella. Agnes ha venido, y ha pasado con nosotros todo el dÃa y parte de la velada. Ella, mi tÃa y yo hemos estado con Dora desde por la mañana, todos juntos. No hemos conversado mucho, pero Dora se ha mostrado sumamente alegre y complacida. Ahora estamos solos.