David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

–Ahora nadie puede hacerle daño –dijo–. No era más que una vana amenaza.

Salimos de la ciudad para dirigirnos al cementerio de Hornsey.

–Estará mejor aquí que en la calle –afirmó mi tía–. Nació en este lugar.

Bajamos del carruaje y seguimos el sencillo féretro hasta un rincón que recuerdo muy bien, donde se leyó el oficio fúnebre que devolvía su cuerpo al polvo.

–Hoy hace treinta y seis años que me casé, querido –exclamó mi tía, mientras regresábamos andando al coche–. ¡Que Dios nos perdone!

Ocupamos nuestros asientos en silencio; y ella retuvo mi mano en la suya durante mucho tiempo. Finalmente, rompió a llorar y dijo:

–Era un hombre muy guapo cuando me casé con él, Trot… ¡Cuánto había cambiado!

Pero su llanto no duró mucho. Las lágrimas aliviaron su dolor, y no tardó en recobrar la serenidad, e incluso la alegría. Sus nervios estaban un poco alterados, señaló; de otro modo jamás se habría dejado dominar por la pena. ¡Que Dios nos perdone!

Nos dirigimos, pues, de vuelta a su casita de Highgate, donde encontramos la siguiente misiva del señor Micawber, que había llegado por correo aquella misma mañana.

Canterbury, viernes


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker