David Copperfield
David Copperfield Uno de los mástiles se había partido, seis u ocho pies sobre cubierta, y caía hacia un lado, en una maraña de velas y de jarcia; y todos esos restos, cada vez que el barco cabeceaba y daba bandazos (lo que hacía sin cesar y con una violencia inconcebible), golpeaban el costado como si quisieran perforarlo. Incluso en aquellas condiciones seguían intentando cortar y desprenderse de ese trozo de palo; pues, cuando la goleta, que estaba de través, se volvió hacia nosotros en su balanceo, distinguí con claridad cómo los hombres de a bordo se afanaban con sus hachas, especialmente una silueta joven y vigorosa de largos cabellos rizados que destacaba sobre las demás. Pero un fuerte clamor, que llegó a oírse incluso por encima del viento y del agua, se elevó en aquel instante en la orilla; pues el mar, barriendo la cubierta del barco, arrastró hombres, arboladura, barriles, tablas, amuradas y montones de objetos parecidos, al oleaje en ebullición.