David Copperfield
David Copperfield El segundo mástil continuaba en pie, con los jirones de la vela rifada y un revoltijo de cabuyerÃa rota batiendo de una banda a otra. El barco habÃa tocado fondo una vez –me gritó con voz ronca al oÃdo el mismo marinero–, y luego volvió a elevarse antes de tocar fondo de nuevo. Me pareció entenderle que estaba partiéndose por la mitad, y no me fue difÃcil creerlo, pues el cabeceo y el balanceo eran tan brutales que ninguna construcción humana podrÃa resistir mucho tiempo. Mientras hablaba, se oyó otro grito de piedad en la playa. Cuatro hombres surgieron de las profundidades con el barco, aferrados a la jarcia del mástil que quedaba; en la parte más alta, la silueta vigorosa de cabellos rizados.