David Copperfield
David Copperfield Había una campana a bordo; y, mientras el barco cabeceaba y daba bandazos, como una criatura desesperada que hubiera enloquecido, mostrándonos unas veces toda la cubierta cuando escoraba hacia la playa, y otras solamente la quilla, cuando dando un brusco bandazo escoraba hacia el mar abierto, la campana sonaba; y su tañido, el toque de difuntos de aquellos desdichados, llegaba hasta nosotros empujado por el viento. Una vez más perdimos de vista la goleta, y una vez más resurgió. Dos de los hombres habían desaparecido. En la playa creció la angustia. Los hombres gemían y juntaban las manos; las mujeres chillaban y volvían las cabezas hacia otro lado. Algunos corrían como locos de un lado a otro, pidiendo ayuda a gritos, aunque no se pudiera hacer nada. Yo estaba entre ellos, e imploraba frenéticamente a un grupo de marineros que conocía que no dejaran ahogarse ante nuestros ojos a aquellos dos desgraciados.