David Copperfield
David Copperfield Me explicaron con gran agitación (no sé cómo, pues yo no estaba suficientemente sereno para comprender lo poco que era posible oír) que un bote salvavidas había intentado salvarlos valerosamente una hora antes, pero que sus esfuerzos habían resultado en vano; y que ningún hombre era tan temerario para lanzarse al mar con un cabo y servir de puente con los náufragos, que era lo único que podía hacerse. Entonces me di cuenta de que una sensación nueva conmocionaba a la muchedumbre reunida en la playa, y vi cómo la gente se apartaba y Ham se abría paso en dirección a la orilla.
Corrí hacia él… por lo que recuerdo, para repetir mi llamamiento de socorro. Pero, aunque estaba muy aturdido por aquel espectáculo tan terrible y tan nuevo para mí, su aire decidido y el modo en que miraba el mar –exactamente igual que al día siguiente de la fuga de Emily– me hicieron comprender el peligro que le amenazaba. Le sujeté con los dos brazos; y supliqué a los hombres con los que había estado hablando que no le escucharan, que no cometiesen un asesinato, que no le dejaran moverse de la playa.
Otro grito se elevó en la orilla; y, al mirar los restos del barco, vimos cómo la vela cruel golpeaba una y otra vez al hombre que estaba más abajo hasta tirarlo al agua, y flotaba triunfante alrededor de la silueta vigorosa, que había quedado sola en el mástil.