David Copperfield
David Copperfield No me daba consejos, ni me imponÃa deberes; sólo me decÃa con su fervor habitual cuánto confiaba en mÃ. TenÃa el convencimiento de que una naturaleza como la mÃa sabrÃa sacar algo positivo de tanta aflicción. Estaba segura de que las desgracias y las emociones exaltarÃan y fortalecerÃan mi espÃritu; y de que mi dolor harÃa más firmes y elevados mis sentimientos. Ella, que tan orgullosa estaba de mi fama y que tanto deseaba verla aumentada, sabÃa muy bien que yo seguirÃa trabajando. SabÃa que el dolor no me debilitarÃa, sino que me darÃa nuevas fuerzas. Al igual que los infortunios de mi infancia habÃan ayudado a formar mi carácter, mi actual sufrimiento, mucho más profundo, me empujarÃa a perfeccionarme; y enseñarÃa a los demás cuanto yo hubiese aprendido. Agnes me encomendaba a Dios, que habÃa llamado junto a Él a mi inocente esposa; y me enviaba su cariño fraternal, que siempre me acompañarÃa, orgullosa de lo que habÃa hecho ya, pero infinitamente más orgullosa de lo que estaba destinado a hacer.