David Copperfield
David Copperfield Este camarero, un hombre enjuto y de mediana edad, llamó en su ayuda a un colega de más autoridad, un anciano robusto y corpulento, con doble papada, vestido con medias altas y pantalones negros, que salió de un recinto muy parecido al banco de un sacristán en el fondo del café, donde se hallaba en compañÃa de una caja de dinero, un listado de direcciones, una relación de abogados y otros libros y papeles.
–El señor Traddles –repitió el camarero enjuto–. Del número dos de Holborn Court.
El camarero corpulento le indicó con un gesto que se retirara y se volvió a mà con gran seriedad.
–Le preguntaba –dije– si el señor Traddles, del número dos de Holborn Court, no está convirtiéndose en un famoso abogado.
–Jamás he oÃdo hablar de él –me contestó, con voz grave y sonora.
Lo sentà mucho por Traddles.
–Seguro que se trata de un hombre joven, ¿no es as� –exclamó el camarero portentoso–. ¿Cuánto tiempo lleva aqu�
–No más de tres años –repuse.
El camarero, que supongo que llevaba cuarenta años viviendo en aquel diminuto habitáculo de sacristán, no podÃa seguir hablando de un asunto tan insignificante. Me preguntó qué deseaba cenar.