David Copperfield
David Copperfield –Gracias, señor, es usted muy amable. Gracias. Espero que se encuentre bien.
–¿Acaso no me recuerda? –exclamé.
–Verá, señor –contestó el señor Chillip, sonriendo débilmente y moviendo la cabeza mientras me examinaba–, hay algo en su rostro que me resulta familiar; pero la verdad es que soy incapaz de recordar su nombre.
–Y, sin embargo, lo conoció mucho antes que yo mismo –dije.
–¿De veras, señor? –inquirió el señor Chillip–. ¿Es posible que tuviera el honor de asistir…?
–En efecto –le respondÃ.
–¡Caramba! –exclamó el señor Chillip–. Pero no hay duda de que ha cambiado usted mucho desde entonces.
–Probablemente, señor –repliqué.
–En ese caso –señaló el señor Chillip–, espero que sepa disculparme si le pregunto cómo se llama.