David Copperfield
David Copperfield –Si fuera asÃ… –empecé a decir–, y espero que lo sea…
–Yo no sé nada –me interrumpió mi tÃa–. No debes dejarte guiar por mis sospechas. Tienes que guardarlas en secreto. Tal vez sean infundadas. No tengo ningún derecho a hablar.
–Si fuera asà –repetÖ, Agnes me lo contará cuando crea llegado el momento. Una hermana a la que he confiado tantas cosas, tÃa, no dudará en confiar en mÃ.
Con la misma lentitud con que habÃa levantado sus ojos hacia mÃ, mi tÃa apartó su mirada. Pensativa, se tapó el rostro con una mano. Luego puso la otra encima de mi hombro; y nos quedamos asÃ, recordando el pasado, sin decir una palabra más, hasta que decidimos acostarnos.
Salà a caballo, a primera hora de la mañana, hacia el lugar donde habÃan transcurrido mis años escolares. No puedo decir que la esperanza de obtener una victoria sobre mà mismo me hiciera muy feliz; ni siquiera por la perspectiva de volver a ver tan pronto a Agnes.