David Copperfield
David Copperfield Y también sobre este punto me asaltaron las dudas. Descubrí que, en la cárcel, el arrepentimiento era una moda, tan tiránica como la que había dejado en el exterior con los trajes y chalecos que se veían en los escaparates de las sastrerías. Escuché una gran cantidad de confesiones, muy similares tanto en su fondo como en su forma (lo que me pareció sumamente sospechoso). Encontré muchísimos zorros que menospreciaban viñedos enteros de uvas inaccesibles; pero a casi ninguno de ellos les habría puesto un racimo al alcance de la mano. Y constaté, por encima de todo, que los presos que manifestaban su arrepentimiento de manera más ostensible eran los que despertaban mayor interés, y que su engreimiento, vanidad, falta de entusiasmo y amor por la mentira (que en muchos de ellos llegaban a extremos increíbles, tal como ponían de manifiesto las historias de sus vidas), les empujaban a aquellas declaraciones que a todos satisfacían.