David Copperfield
David Copperfield Mi asombro era ya tan grande que sólo sentà una especie de sorpresa resignada ¡cuando apareció Littimer leyendo un libro de oraciones!
–Veintiocho –dijo un caballero con gafas, que aún no habÃa hablado–, la semana pasada, amigo mÃo, se quejó usted del cacao. ¿Ha mejorado desde entonces?
–Le estoy muy agradecido, señor –respondió Littimer–. Ahora lo preparan con más esmero. Me tomaré la libertad de decir que no creo que la leche con que lo hacen sea natural; pero soy consciente, señor, de que en Londres se adultera mucho este producto y de que es difÃcil conseguirlo en estado puro.
Me pareció que el caballero de las gafas era partidario del Veintiocho frente al Veintisiete del señor Creakle, pues cada uno de ellos intentaba hacer valer a su protegido.
–¿Cómo se encuentra de ánimo, Veintiocho? –inquirió el caballero de las gafas.
–Gracias, señor –repuso Littimer–; ahora me percato de mis errores. Me siento terriblemente agitado cuando pienso en los pecados de mis antiguos compañeros, señor; pero confÃo en que les serán perdonados.
–¿Es usted completamente feliz? –quiso saber el mismo caballero, animándole con la cabeza.
–Le agradezco su interés, señor –contestó el señor Littimer–. SÃ, soy completamente feliz.