David Copperfield
David Copperfield Pero lo que más me sorprendió del señor Creakle es que jamás habÃa osado poner la mano encima de uno de los muchachos del internado, y que éste era J. Steerforth. Él mismo confirmó este rumor y dijo que le gustarÃa mucho que el director lo intentara. Cuando un pacÃfico compañero (que no era yo) le preguntó cuál serÃa su reacción si esto ocurrÃa, Steerforth metió otra cerilla en la caja de fósforo para dar más brillo a su respuesta, y aseguró que empezarÃa por derribarlo golpeándole en la frente con la botella de tinta –de siete chelines y seis peniques– que habÃa siempre sobre la repisa de la chimenea. Durante unos instantes nos quedamos en la oscuridad, sin atrevernos siquiera a respirar.
Supe que al señor Sharp y al señor Mell les pagaban unos salarios miserables; y que, cuando habÃa carne caliente y carne frÃa en la mesa del señor Creakle, se esperaba que el señor Sharp prefiriese la frÃa, algo que corroboró de nuevo J. Steerforth, el único alumno que tenÃa el privilegio de comer con ellos. Me enteré de que la peluca del señor Sharp no se ajustaba bien a su cabeza, asà que no tenÃa sentido que presumiera tanto –incluso algún niño lo llamó «presuntuoso»–, ya que por detrás se veÃa claramente su verdadero pelo rojizo.