David Copperfield

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Ham Peggotty, que sin duda era un testigo fiable, ya que asistía a un colegio religioso[5] y seguía fielmente el catecismo, contó al día siguiente que, cuando una hora más tarde se asomó a la puerta del gabinete, la señorita Betsey, que en aquellos momentos paseaba de un lado a otro de la estancia presa de gran agitación, se abalanzó sobre él antes de que tuviera tiempo de escabullirse; que se oían de vez en cuando voces y pisadas en el piso superior que, en su opinión, los algodones no le impedían escuchar, pues, cuando subían de volumen, la dama los oprimía fuertemente como si eso la ayudara a paliar su nerviosismo; que le obligó a andar a su lado mientras le agarraba por el cuello (como si él hubiera tomado demasiado laúdano) y que a veces le zarandeaba, le tiraba del pelo, le desgarraba la camisa, le tapaba los oídos como si fueran suyos y le maltrataba de otras múltiples maneras. La tía de Ham Peggotty confirmó en parte sus afirmaciones, pues vio al muchacho a las doce y media, poco tiempo después de que la señorita Betsey lo dejara en libertad, y aseguró que su rostro estaba tan enrojecido como el mío en aquellos momentos.

El apacible señor Chillip era incapaz de guardar rencor a nadie, y menos en aquellas circunstancias. En cuanto tuvo ocasión, entró discretamente en el gabinete.


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