David Copperfield
David Copperfield Con todo, en Murdstone y Grinby me trataban con cierto respeto. El señor Quinion me consideró siempre diferente de los demás, a pesar de ser un hombre superficial y muy ocupado, enfrentado a un hecho tan anómalo; y yo jamás le conté a nadie, hombre o niño, por qué estaba allÃ, ni dejé que sospecharan lo desgraciado que me sentÃa. SufrÃa en secreto, y únicamente yo sabÃa con cuánta intensidad. Como he explicado ya, me resulta imposible describir mi profundo desconsuelo. Pero me lo guardé para mà e hice mi trabajo. Desde el principio comprendà que, si no era capaz de hacer lo que me ordenaban tan bien como los demás, nadie me librarÃa de las burlas y del desprecio de mis compañeros. No tardé en ser al menos tan rápido y tan hábil como cualquiera de los otros niños. Aunque me dirigÃa a ellos con familiaridad, mi conducta y mis modales se diferenciaban lo bastante de los suyos para que guardaran las distancias. Todos me conocÃan como «el pequeño caballero» o «el joven de Suffolk». Sólo Gregory, el capataz de los embaladores, y Tipp, un carretero que vestÃa una chaqueta roja, me llamaban a veces «David»; pero era sobre todo en los momentos de mayor intimidad, cuando yo habÃa intentado distraerlos, mientras trabajábamos, con algunas de mis viejas lecturas, que iban borrándose rápidamente de mi memoria. Patata Enharinada protestó en una ocasión por la deferencia con que me trataban; pero Mick Walker lo calmó en seguida.