David Copperfield

David Copperfield

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Las dificultades del señor Micawber se sumaron a mis preocupaciones. Me sentía tan abandonado que tomé mucho cariño a su familia, y solía ir de un lado a otro, calculando los medios y los ingresos de la señora Micawber, agobiado por el peso de las deudas de su marido. El sábado por la noche, que era mi gran día –no sólo porque llevaba seis o siete chelines en el bolsillo, e iba mirando los escaparates y pensando qué podría comprarme con ellos, sino también porque regresaba a casa más temprano–, la señora Micawber me hacía las confidencias más dolorosas. Lo mismo ocurría el domingo por la mañana, cuando me preparaba la ración de té o de café que había comprado la noche anterior y me sentaba tranquilamente a desayunar. No era nada extraño que el señor Micawber empezara nuestras conversaciones del sábado entre violentos sollozos, aunque acabase la noche cantando la canción de la hermosa Nan y de Jack, su feliz enamorado. Lo he visto llegar a la hora de la cena deshecho en llanto, declarando que no tenía otra opción que ir a la cárcel; y acostarse calculando cuánto costaría colocar ventanas saledizas en la casa, «en caso de que surgiera algo», su expresión favorita. Y la señora Micawber era exactamente igual que su marido.




👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker