David Copperfield
David Copperfield Para no omitir nada, diré que el señor Micawber, por aquel entonces, redactó una petición dirigida a la Cámara de los Comunes, en la que solicitaba que modificaran la ley de encarcelamiento por deudas. Si traigo a colación este recuerdo es porque me parece un ejemplo de cómo apliqué mis antiguas lecturas a mi nueva vida, y empecé a inventar mis propias historias a partir de las calles, de los hombres y de las mujeres; y de cómo algunos rasgos determinantes de mi carácter, que iré desvelando inconscientemente, supongo, al escribir mi vida, iban formándose poco a poco mientras tanto.
Había un club dentro de la prisión, en el que el señor Micawber, en su condición de caballero, era un personaje importante. Cuando expuso allí la idea de su petición, sus compañeros aprobaron la iniciativa entusiasmados. En consecuencia, el señor Micawber (que era el mejor de los hombres, además del más activo, salvo en lo concerniente a sus propios asuntos, y que jamás se sentía tan feliz como cuando trabajaba en algo que no le reportaba beneficios) se puso manos a la obra: escribió la solicitud, la copió en grandes letras en una gigantesca hoja de papel, la extendió sobre una mesa, y convocó a los miembros del club, así como a los demás habitantes de la cárcel, a firmar el documento en su habitación, si lo deseaban.