David Copperfield
David Copperfield Si el interrogado mostraba la menor disposición a escucharle, el capitán Hopkins le leía la solicitud de cabo a rabo, con voz fuerte y sonora. Y lo habría hecho veinte mil veces seguidas, si veinte mil personas hubieran deseado oírle. Recuerdo el énfasis con que pronunciaba algunas frases como «Los representantes del pueblo reunidos en el Parlamento», «Por todo ello los solicitantes se dirigen humildemente a vuestra honorable casa», «Los infortunados súbditos de Vuestra Graciosa Majestad», como si esas palabras fueran un manjar exquisito que él saboreara con deleite. El señor Micawber, entretanto, le escuchaba con la vanidad del autor y contemplaba (con aire indulgente) los clavos de la pared de enfrente.