David Copperfield
David Copperfield Como era una criaturita muy honrada, y no quería dejar mal recuerdo en Murdstone y Grinby, me creí en la obligación de seguir trabajando hasta el sábado por la noche; y, puesto que había cobrado mi primera semana por adelantado, no quise presentarme en sus oficinas a la hora habitual para recoger mi salario. Precisamente por ese motivo, había pedido prestada la media guinea, con el fin de poder hacer frente a los gastos del viaje. Así, pues, cuando llegó el sábado y todos estábamos esperando en el almacén a que nos pagaran, y Tipp el carretero, que siempre precedía a los demás, entró en el despacho del señor Quinion, estreché la mano de Mick Walker y le pedí que, cuando llegara su turno, le dijera a nuestro director que había ido a trasladar mi baúl a casa de Tipp; y, después de darle por última vez las buenas noches a Patata Enharinada, me marché corriendo.
Mi baúl seguía en mi antiguo alojamiento, al otro lado del río, y yo había escrito una dirección en el dorso de una de las etiquetas que clavábamos en los barriles: «Señor David, en depósito hasta su reclamación, Oficina de la Diligencia, Dover». La tenía preparada en el bolsillo para colocarla en mi equipaje, una vez que hubiera abandonado la casa. Mientras me dirigía hacia allí, busqué a alguien que pudiera ayudarme a llevar mi baúl hasta la ventanilla de los pasajes.