David Copperfield
David Copperfield –Esta bien; si yo fuera usted –musitó el señor Dick, reflexionando y mirándome con aire ausente–. Yo…
Y el hecho de contemplarme pareció servirle de repentina inspiración.
–Yo lo lavarÃa –añadió con vivacidad.
–Janet –exclamó mi tÃa, volviéndose con un aire de sereno triunfo que entonces no alcancé a comprender–, el señor Dick siempre tiene razón. ¡Calienta el baño!
A pesar de que ese diálogo me interesaba profundamente, no pude evitar fijarme, entretanto, en mi tÃa, en el señor Dick y en Janet, y terminar de inspeccionar la estancia.