David Copperfield
David Copperfield –Si hay alguien en este mundo –dijo mi tÃa en tono enérgico– que no está mal de la cabeza, es el señor Dick.
Lo único que pude hacer fue repetir tÃmidamente:
–¡Oh, claro!
–Algunos lo han tachado de loco –afirmó la señorita Betsey–. Y lo cierto es que, cuando lo recuerdo, experimento un placer egoÃsta, pues de otro modo no habrÃa disfrutado de su compañÃa ni de sus consejos desde hace más de diez años… en realidad, desde que tu hermana, Betsey Trotwood, defraudó todas mis expectativas.
–¿Hace tanto tiempo? –pregunté.
–¡Y menudas personas tuvieron el atrevimiento de tacharlo de loco! –prosiguió mi tÃa–. El señor Dick es un pariente lejano mÃo; poco importa, no es necesario entrar en detalles. Si no hubiera intervenido yo, su propio hermano lo habrÃa encerrado de por vida; y eso es todo.
Es posible que fuera hipocresÃa por mi parte, pero al ver cuánto irritaba aquel asunto a mi tÃa, intenté parecer también muy indignado.